LA VIRGEN MARÍA
La Iglesia ofrece una especial mirada a María, la Madre del Señor. Ella es la elegida y la servidora dedicada. No tuvo reparos en aceptar la gran responsabilidad de ser la Madre del hijo de Dios. Ella es la figura central del Adviento, pues representa el ejemplo vivo de la espera, de la espera que ya está por culminar.
A través de un sencillo “Sí”, ella aceptó una vida diferente a las demás. Sin saber a lo que se adentraba, sin saber nada, ella confió y dijo “Aquí esta la esclava del Señor”, lanzándose con confianza a la aventura más grande de la historia. Aprendemos de su confianza.
ISAÍAS
El profeta del antiguo testamento anunció en sus escritos la llegada del Mesías: “La joven está encinta y va a tener un hijo al que pondrá por nombre Emmanuel”. Es visionario de que va a llegar el Mesías siglos antes que esto suceda.
Isaías dice “Aquí estoy Señor, envíame a mí”. Cuando Dios necesitaba alguien para llevar sus mensajes, él se ofrece a llevar la Buena Nueva. Sin embargo, el pueblo de Israel no le hace caso y no se porta como Dios quiere. Así, todo un pueblo perdió esa oportunidad de conocer al Señor.
Quizás como Isaías, muchos ya nos han predicado acerca de la Buena Noticia pero no les hemos hecho caso. Pero ahora, es tiempo de convertirnos en nuevos Isaías y llevar la Buena Nueva a los demás.
JUAN EL BAUTISTA
Es el precursor del Mesías. El último que lo anuncia, y es testigo de su presencia.
Desde el vientre de su madre Isabel, da testimonio de la divinidad de Jesús (salta cuando María visita a Isabel). Preparó la llegada de Jesús bautizando al pueblo, allanando su camino.
Los profetas, como Isaías, dieron una idea lejana de quién era Cristo. Juan, en cambio, predica un Cristo que llega, un Cristo cercano y del que no es digno siquiera de “desatarle la correa de sus sandalias”. Por ello pide que se conviertan de manera verdadera, sin hipocresías.
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