¡Bienvenido, Monseñor Castillo!

Mons. Carlos Castillo

El 25 de enero se hizo público el nombramiento de Monseñor Carlos Castillo Mattasoglio como Arzobispo de Lima, y el sábado 2 de marzo tuvo lugar, en la Basílica Catedral de Lima, la Ceremonia de Ordenación Episcopal y Toma de Posesión.

La labor del Obispo

La responsabilidad de todo obispo, delegada por Jesucristo desde sus primeros discípulos, es anunciar el Evangelio; cuidar la doctrina católica; promover la vida cristiana de los fieles, ayudado por los sacramentos; y organizar a la Iglesia local que le ha sido confiada, en comunión con el Papa y los demás obispos. Monseñor Carlos Castillo Mattasoglio, doctor en Teología Dogmática y profesor de Teología en la Pontificia Universidad Católica del Perú, fue nombrado por el Papa Francisco como Arzobispo Metropolitano de la Arquidiócesis de Lima el 25 de enero de 2019, en sucesión de Monseñor Juan Luis Cipriani Thorne.

La Parroquia san Lázaro

Acompañado de las reliquias de santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos latinoamericanos, Monseñor Castillo realizó su profesión de fe en la parroquia de san Lázaro, en el Rímac, desde donde el santo partiría también, en su época, en procesión hasta la Basílica Catedral de Lima.

Parroquia San Lázaro

Parroquia San Lázaro
(Fotografía © Diego Delso)

La llegada de la procesión

Se sentía en el ambiente de la Basílica Catedral la alegre expectativa de los participantes; desde tempranas horas de la mañana, la mayoría de lugares ya habían sido ocupados por fieles que querían participar de la Ceremonia. Cuando se pasó la voz de que la procesión había salido ya de la parroquia de San Lázaro rumbo a la Catedral, una sensación de festividad inundó el lugar, al ritmo de los cantos que practicaba el coro, conformado por miembros del coro de la PUCP, el grupo Siembra y el coro San Lázaro. De repente en las pantallas pudimos apreciar el ingreso del cortejo al templo. Monseñor Castillo reflejaba alegría y júbilo en su semblante, y cantaba y animaba a todos a cantar “El profeta”, himno emblemático del grupo Siembra, en una alabanza gozosa a Dios, sin por ello perder la reverencia y la solemnidad del evento. Junto con Monseñor Castillo ingresaron también numerosos representantes de la iglesia, obispos, autoridades y sacerdotes.

Ceremonia de ordenación

Ceremonia de Ordenación Episcopal

Comenzó como de costumbre, con los ritos iniciales, acto penitencial, Gloria, oración colecta; posteriormente las lecturas (Is 61, 1-3; Sal 22, 1-6; 1 Pe 5, 1-4), y el Evangelio (Jn 10, 11-16). Terminado el Evangelio comenzó la ceremonia de ordenación con el canto del Veni, Creator Spiritus. El Nuncio Apostólico en Perú, monseñor Nicola Girasoli, dirigió palabras entusiastas y al mismo tiempo muy retantes, animando al nuevo arzobispo a ser un promotor de la unidad a la que todos estamos llamados, recordándole que toda la Iglesia tiene mucha esperanza en él debido a su trabajo; criticó fuertemente la mentalidad de perseguir una “carrera religiosa” recordando que el ideal es el servicio y la entrega, y exhortó a Monseñor Castillo a estar siempre presto a recibir y acoger a los sacerdotes que lo requieran. Durante su homilía, el nuncio agradeció también al Cardenal Cipriani por sus veinte años de labor.

Mons. Nicola Girasoli - Nuncio Apostólico

Mons. Nicola Girasoli
Nuncio Apostólico en Perú

La plegaria de ordenación

Una vez terminada la homilía, monseñor Castillo manifestó su compromiso de cumplir fielmente con su ministerio, tras lo cual los participantes, dirigidos por el coro, entonaron la súplica litánica, invocando la intercesión de Dios y los santos, entre ellos santo Toribio de Mogrovejo, san Oscar Romero y santa Rosa de Lima. Posteriormente se realizó la unción y la entrega del Evangeliario, el anillo, la mitra y el báculo; el nuevo Arzobispo tomó asiento en la cátedra y algunos representantes se acercaron para extenderle sus saludos y felicitaciones, mientras el coro entonaba el Salmo 64 y el himno “Nada te turbe”.

Plegaria de Ordenación

Plegaria de Ordenación

Plegaria de Ordenación

Con esto concluyó el rito de ordenación; posteriormente, la ceremonia prosiguió regularmente con la presentación de ofrendas, consagración y comunión, y la jovialidad se mantuvo en el ambiente.


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Mensaje del Arzobispo

Las palabras finales del nuevo Arzobispo estuvieron fuertemente marcadas por la necesidad de una iglesia “en salida” que busque “salir a las periferias”, en términos del Papa Francisco; nos recordó que la indiferencia ante el sufrimiento del prójimo siempre es una tentación, pero que “Jesús sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos”. Habló del ideal que tiene para la Iglesia en Lima: una iglesia para los pobres, iglesia misionera, sinodal, contemplativa, dinámica, que pueda profundizar espiritualmente en la religiosidad popular; transparente, honesta, abierta a la sociedad civil, solidaria y comprometida en la acción social, defensora de nuestra casa común y de las comunidades vulnerables; promovedora del laicado, que ponga su economía al servicio de la pastoral y la defensa de la dignidad humana.

Mons. Carlos Castillo

Mons. Carlos Castillo
Fotografía © Arzobispado de Lima

Frente a esto, recalcó que siente el llamado a asumir el estilo misionero de santo Toribio de Mogrovejo, dispuesto a “cruzar a la otra orilla, callejear o jironear” para poder servir a los más recónditos, lejanos y diseminados; además, ser misericordioso pero también justo, denunciando los abusos y la corrupción. Concluyó su inspirador mensaje con tres preguntas para la Iglesia de Lima:

  • ¿Qué se debe mejorar en nuestra iglesia de Lima?
  • ¿Qué periferias principales hemos de atender?
  • ¿Qué formas debe tomar nuestra iglesia misionera en Lima para ser signo de esperanza?

Conclusión

Son varios los retos y metas que tendrá que asumir el monseñor Castillo como Arzobispo de Lima, y las expectativas respecto a su labor también son muy altas. Como Apostolado del Rosario en Familia animamos a todas las familias a unirnos en oración por su servicio y compromiso, para que su respuesta esté a la altura de la necesidad de la Iglesia, y sea recompensado por Dios por su respuesta generosa al llamado particular que Dios le ha hecho.

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