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CONFESIÓN La Confesión o sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación obtiene por la misericordia de Dios el perdón de los pecados. Al arrepentirnos de nuestras faltas, aceptarlas y pedir perdón por ellas al Creador, volvemos a nuestra naturaleza original que Dios nos ha regalado. Es un sacramento de conversión porque realiza de manera sagrada nuestra vuelta al Padre. Es confesión porque en él se confiesan las faltas y a la vez se confiesa una alabanza y un reconocimiento a la santidad de Dios. Para realizar una correcta confesión se necesita un buen examen de conciencia. Se trata de que, en un ambiente de oración personal, nos preguntemos cuáles han sido nuestras faltas cometidas. Una forma más fácil y adecuada de realizar nuestro examen de conciencia es a través de un cuestionario. Existen muchos tipos, pero todos con el mismo fin: preguntarnos sobre nuestro actuar como personas, Hijas e Hijos de Dios, y descubrir el mal que hemos realizado. La Confesión es un paso importante en nuestro proceso de conversión, no sólo durante la Cuaresma, sino durante toda nuestra vida. BAUTISMO El catecismo menciona que por el Bautismo somos “liberados del pecado y regenerados como Hijos de Dios”. Bautizar significa “sumergir”. Por él nos sumergimos en la relación con Cristo y nacemos como nuevas criaturas en la resurrección con Él. El Bautismo es el comienzo de la iniciación cristiana. Nos purifica para el camino a la salvación al borrarnos el pecado original. Por ello es muy conveniente su realización.. La Cuaresma pretende que el creyente cambie y que, de manera similar al bautismo, renazca hacia una nueva vida. |
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