De los tesoros económicos a los tesoros espirituales

San Mateo Apóstol

Una reflexión sobre la transformación de Mateo tras el llamado del Señor

La Iglesia celebra el 21 de setiembre la fiesta de san Mateo apóstol, también llamado Leví. En este artículo reflexionamos sobre su vida y los cambios que tuvieron lugar en ella a raíz de conocer a Jesús y seguirlo.

La vida antes de Jesús

Mateo, hijo de Alfeo, provenía de Cafarnaún, en el área del lago de Galilea. En los Evangelios de Marcos y Lucas es llamado también Leví. De su vida antes de conocer a Dios, conocemos que hacía la labor de publicano, es decir, que recolectaba impuestos para los romanos. Esto nos da indicios de su vida: podemos afirmar con cierta seguridad que, si bien gozaría de un estatus económico razonablemente bueno, es muy probable que a los ojos de sus conciudadanos hebreos fuera visto como un traidor, más aún si consideramos el descontento general que se sentía entre los israelíes respecto al imperio Romano, que los dominaba y sometía.

Es común pensar que la clave de la felicidad yace en un aspecto de la vida, como por ejemplo, el trabajo, el dinero o el estatus. Sin embargo, muchas veces nuestra idea del bienestar se derrumba cuando descubrimos el lado negativo de las cosas. La verdadera felicidad es duradera y se sobrepone a las experiencias negativas del día a día; se encuentra en la familia, la fe, la tranquilidad de conciencia y la esperanza puesta en Dios.

El llamado

Es allí, sentado a la mesa de recaudación, donde Jesús lo encuentra y lo llama. Le dice “sígueme” y el publicano se levanta y lo sigue; esto se relata en el Evangelio de Mateo, capítulo 9, versículo 9. ¿Cuál era el sentir y pensar de Mateo en ese momento? Además de la autoridad y presencia de Jesús, es posible que el cobrador de impuestos escuchara en el llamado del Maestro la respuesta a una súplica por una señal de que era el momento de cambiar. Sin mirar atrás, Mateo deja su posición, renunciando a todo lo que esta le significaba: el bienestar, la seguridad económica, pero también el desprecio de los suyos y la sensación de traición. Ve en Jesús la respuesta, o en términos teológicos, la Verdad que estuvo buscando.

Y nosotros, ¿estamos en una situación similar a la de Mateo, estancados o atascados, buscando un cambio sin saber dónde podremos encontrarlo, o tal vez esperando una señal o una respuesta?

San Mateo Apóstol

La transformación

El siguiente versículo nos presenta a ambos juntos, compartiendo la mesa con los discípulos y con otros “publicanos y pecadores”, cosa que escandaliza a los fariseos, para quienes era inconcebible que el Mesías se juntara con los “impuros” o “indignos”. No es descabellado pensar que muchos de los que estuvieron sentados en esa mesa seguramente conocían a Mateo y les llamó la atención su drástico cambio de vida; es incluso posible que varios de ellos, tras conocer a Jesús, optaran por una transformación similar en sus vidas.

Al reflexionar sobre el cambio de vida, de publicano a discípulo, preguntémonos a nosotros mismos, ¿me he dejado transformar por la presencia y acción de Dios en mi vida? ¿Lo llevo a quienes me rodean con alegría y amor, esperando que también puedan sentirlo en sus vidas? ¿O, por el contrario, soy como los fariseos, haciendo distinciones entre los “justos” y los “impuros”?


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Fiel a la Verdad, hasta el final

El obispo Papías, de Hierápolis, afirma que, tras la Resurrección y ascensión del Señor, Mateo redactó el Evangelio que lleva su nombre “en lengua hebrea” (idioma arameo), siendo un texto dirigido principalmente a los judíos. Después de predicar en Judea, viajó a Etiopía y otros lugares para dar testimonio de Jesús. Estuvo profundamente comprometido con el anuncio de la Verdad, llegando incluso a ganarse la enemistad de un rey, quien quería casarse con su propia sobrina, conversa al cristianismo gracias a la predicación del apóstol. Mateo denunció esta intención de boda incestuosa como algo inmoral, una decisión arriesgada y peligrosa que le costó la vida: fue muerto a filo de espada mientras oraba en el templo.

Seguir a Jesús es una decisión que implica transparencia, radicalidad y honestidad. Es un compromiso con lo correcto, que a menudo conlleva conflictos con aquellos a quienes la Verdad les incomoda, en especial quienes sacan provecho de la mentira y el engaño. ¡Pidamos a Dios el valor para responder al llamado de Jesús, como lo hizo Mateo!

San Mateo, Apóstol, ¡ruega por nosotros!


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