El joven que renunció a la nobleza

San Luis Gonzaga

En una época en que los nacidos nobles se entregaban a las comodidades y privilegios de su posición, nació Luis, hijo mayor del Marqués de Castiglione, y heredero del título familiar. A causa de una enfermedad que contrajo a los siete años, tuvo que guardar reposo. Durante su convalecencia se sintió atraído por la oración; esto hizo que Luis se apartase progresivamente de la vida de nobleza en la que estaba siendo criado. Durante este tiempo tomó la convicción de no ofender a Dios con nada.

Convicción: No ofender a Dios

Tal era su convicción que, cuando su padre lo envió a Florencia a continuar con su educación como noble y prepararse para heredar el título de su padre, se distanció del mundo superficial y pecaminoso que era común en las cortes de la época.

Llegó a ser paje de acompañamiento del príncipe de Asturias, incluso caballero de la Orden de Santiago. Pero mientras más alto llegaba más convencido estaba de entregar su vida por completo a Dios. Su padre se opuso firmemente a esta decisión de su hijo, pero la convicción de Luis pudo más, y en 1585 renunció a su herencia y entró al noviciado jesuita de San Andrés.

Un novicio maduro

Los hábitos de oración y estudio le convirtieron, a pesar de ser el menor, en un novicio muy maduro. Muchos de sus hábitos anteriores eran más rigurosos que la vida en el noviciado, sin embargo, siempre fue obediente a sus superiores en todo.

Cuando la peste azotó Italia, Luis salió a las calles a ayudar a los enfermos que encontraba. Incluso los llevaba él mismo al hospital, los atendía y preparaba para recibir los sacramentos.


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San Luis Gonzaga

Amar y servir

En ese tiempo, muchos compañeros suyos enfermaron, el superior le prohibió volver al hospital, pero Luis insistió y logró que lo dejaran trabajar en el hospital de Nuestra Señora de la Consolación, donde no había enfermos contagiosos. A pesar de ello, Luis enfermó gravemente de peste.

Sintiendo que ya iba a morir, pidió que le permitieran recibir la comunión. Los compañeros que lo acompañaban durante la noche, vieron cómo su rostro se transformaba cuando abrazó una cruz y dijo el nombre de Jesús. Era el 21 de junio de 1591. Tenía solo 23 años.

Fue canonizado por el Papa Benedicto XIII el 31 de diciembre de 1726. Fue un joven valeroso y decidido que tuvo el coraje de decir «No» a los valores que le presentaba su ambiente, y de abrazar un estilo de vida que lo llevó a imitar a Cristo, dando su vida por los demás. Su vida es un modelo para imitar y por eso la Iglesia nos lo propone como Patrono de la Juventud.

Fuentes:

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