El secreto del éxito de Santa Mónica

Santa Monica

Santa Mónica es muy conocida por ser madre de San Agustín, pero también por su fe y su incansable dedicación a la oración por su hijo.

Santa Mónica nació en Tagaste, en lo que es hoy Argelia, el año 331, y se casó muy joven con Patricio, con quien tuvo varios hijos, entre ellos Agustín.

Raíces profundas

Mónica nació al interior de una familia cristiana, esa fe y valores la acompañaron toda su vida. Su profundo amor a Dios y su dedicación a la oración, hablan muy bien de la formación que recibió de sus padres.

El éxito se mide no por la riqueza o posición alcanzadas, sino por la huella que dejas en las personas que te rodean. Sabiendo eso, los padres de Mónica fueron exitosos, y la evidencia está en la fe de su hija.

Convicciones fuertes

Al casarse, Mónica enfrentó un reto muy grande: el carácter violento de su esposo y las duras críticas que él hacía a los cristianos. Una mujer de esa época se hubiera sometido en todo a su marido, incluso en sus convicciones, pero las de Mónica, arraigadas en la fe, eran muy fuertes como para renunciar a ellas.

Sin descanso, oró por la conversión de Patricio durante 30 años, y alcanzó el éxito con la conversión de su esposo, un año antes de su fallecimiento. Al quedar viuda, Mónica decidió no casarse otra vez.

Orar sin desmayar nunca

Cuando Agustín decidió irse a Roma, ella sin dudar tomó otro barco para ir detrás de él. Estaba convencida de que sus oraciones no serían desoídas, y quería estar al lado de su hijo.

Intento tras intento, incluso por medio de un obispo (sin éxito esta vez), Mónica insistía en pedir la conversión de su hijo. Pero no fue hasta que Dios puso en su camino a otro obispo, San Ambrosio, que Mónica vio el fruto de sus oraciones.

Santa Monica

Finalmente, el éxito

Agustín abrazó la fe y se bautizó en la iglesia de San Juan Bautista, en Milán, en el año 387. Finalmente, las oraciones de Mónica le alcanzaron el éxito: ver la conversión de su hijo, y más aún. Ella misma le diría a Agustín, en su lecho de muerte:

“No sé lo que me queda por hacer o por qué todavía sigo aquí, todas mis esperanzas en este mundo han sido cumplidas. Lo único que deseaba era que yo pudiera verte como un católico y un hijo de los Cielos. Dios me concedió incluso más que esto haciéndote despreciar la felicidad terrenal y consagrándote a su servicio”.

Mónica murió el mismo año de la conversión de su hijo, en Ostia, cerca de Roma, a los 56 años. Actualmente es venerada como patrona de las esposas y de las madres.

Y, ¿el secreto de su éxito?

Bueno, ya debe ser fácil deducirlo. El éxito que Mónica persiguió durante toda su vida era, primero, la conversión de su esposo, y luego la de su hijo. Para alcanzarlo no se sentó a esperar que las cosas sucedieran, sino que se puso “manos a la obra”. Oró incansablemente, en medio de pruebas y desánimo, por años y años, pero nunca desmayó. Siguió adelante.


El secreto es: orar sin desmayar nunca


Como el papa Benedicto XVI dijo en un tweet: “Queridas mamás: como Santa Mónica, no os desaniméis nunca; rezad incansablemente por vuestros hijos”

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