Hijo rebelde buscando la verdad

San Agustín

¿Tienes un “hijo descarriado”? ¡La vida de san Agustín te dará nuevas esperanzas!

Los días 28 de agosto recordamos a Agustín de Hipona, santo, doctor y padre de la Iglesia. Se trata de una figura muy importante del Cristianismo. ¿Sabías que antes de acercarse a Dios tuvo una vida de desenfreno y pecado? En este artículo te contamos más acerca de su vida, su conversión y lo que representa para los padres de hijos rebeldes.

Su madre, pilar de fe en su hogar

Agustín nació en Tagaste, lo que hoy sería Argelia, en el año 354. Su padre, Patricio, era pagano, mientras su madre, Mónica, era una cristiana devota. Ella se esmeró por transmitirle la fe, enseñándole a rezar, y buscó también incansablemente que su esposo se convirtiera, consiguiéndolo poco antes de que éste muriera.

Una juventud desenfrenada

En el joven Agustín, para el pesar de su madre, las costumbres romanas y la popularidad del maniqueísmo pudieron más, alejándolo de la fe. Agustín se dedicó a educarse. Su formación como retórico le abrió las puertas a círculos sociales más acomodados. También es conocido que convivió con una mujer con quien tuvo un hijo, aunque sin ningún tipo de compromiso formal.

Buscando la Verdad

Agustín sentiría una sed desesperada de hallar la Verdad. Ello le llevaría a profundizar en el maniqueísmo, cuya doctrina en un principio le satisfizo, mas tiempo después hallaría contradicciones irreconciliables. En su afán de conocer otras filosofías se acercaría a los neoplatónicos, quienes providencialmente se hallaban en Roma, donde conocería a una figura fundamental en su conversión: Ambrosio de Milán, obispo de Roma.

El anhelo de toda madre

Las conversaciones con san Ambrosio hicieron resurgir en Agustín su interés por el cristianismo. Sin embargo, el mayor obstáculo para él residía en ordenar su vida y renunciar a los placeres desenfrenados a los que por tanto tiempo se había entregado. Los versículos 13 y 14 del capítulo 6 la carta a los Romanos le animarían a entregarse con decisión a Dios:

“No dejen que el pecado tenga poder sobre este cuerpo y no obedezcan a sus deseos. No le entreguen sus miembros, que vendrían a ser como malas armas al servicio del pecado. Por el contrario, ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida, y que sus miembros sean como armas santas al servicio de Dios. El pecado ya no los volverá a dominar, pues no están bajo la Ley, sino bajo la gracia.”

A sus 33 años, Agustín finalmente se bautizó. Su madre viajó para a Roma para acompañarlo y compartir esta alegría. Planeaban regresar juntos a África; sin embargo, poco tiempo antes de su viaje, Santa Mónica enfermó de una fuerte fiebre y falleció en Roma en el año 387. Partió a la casa del Padre con la alegría de ver a su hijo en el camino de la fe, arrepentido de su rebeldía y juventud desordenada, y entregado a Dios.

Obispo, teólogo, doctor

Ya de regreso en África, Agustín se ordena sacerdote en el año 391, y es consagrado obispo de Hipona en 395. Ayudado de su amplia formación intelectual, experiencia de vida y conversión decidida, se dedicó con empeño a defender la Verdad del cristianismo frente a las herejías de los maniqueos, donatistas y pelagianos. Uno de sus mayores aportes a la Iglesia fue la doctrina sobre la Gracia, que le ganaría el título de Doctor gratiae. Agustín falleció en Hipona el 28 de agosto de 430.


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¿Hijo rebelde o buscador de la Verdad?

Enumeramos algunos puntos destacables de la vida de san Agustín y su relación con su madre:

  • Enseñanza de la fe desde una edad temprana: es importante sentar las bases de la fe en nuestros hijos desde que son pequeños, enseñándoles la oración, la vida de fe y la virtud.
  • Orar por nuestros hijos sin desanimarnos: incluso en los hogares más devotos y piadosos puede ocurrir que un hijo se aparte de la Iglesia, deje de orar o no viva acorde con la fe. Además de todos los esfuerzos que podamos hacer por encaminar a nuestros hijos, oremos por ellos y su conversión incesantemente.
  • Comprender las razones de su rebeldía: cuando un hijo es rebelde, es una tentación enfocarnos más en corregir su actitud que en comprender de dónde viene su comportamiento, que muchas veces se debe a sentimientos de frustración, impotencia o a necesidades incomprendidas. Entender cuál es la fuente de su rebeldía puede darnos ideas respecto a cómo ayudar a nuestros hijos.

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