La compasión de María

Nuestra Señora de los Dolores

Acompañando a la Virgen María en sus sufrimientos

El tercer domingo de setiembre la Iglesia recuerda a la Virgen María en su advocación de nuestra Señora de los Dolores. ¿Conoces los siete dolores de María? ¿Te animas a acompañar a Nuestra Madre en sus sufrimientos?

Decía el beato Basilio Moreau en sus Meditaciones (1872), “acuérdense de los dolores de María, desde la profecía de Simeón hasta la pasión y muerte de Jesucristo: la huida a Egipto; la pérdida del niño Jesús en el Templo; el encuentro con Nuestro Salvador con la cruz a cuestas; la crucifixión de Jesús en este árbol de desgracia; su bajada de la cruz; su entierro, y la soledad de María”.

¿Por qué recordamos los dolores de María? En primer lugar, porque Jesús nos dejó a María como Madre nuestra (Jn 19, 27) cuando ella estaba a los pies de la cruz; de esta manera tenemos siempre en María a una madre que nos cuida y vela por nosotros; así mismo, nosotros somos sus hijos y ¿qué hijo no acompaña a su madre en los momentos de dolor?

Otra razón importante es que recordar el dolor nos hace solidarios con nuestro prójimo. Actualmente en la sociedad existe una tendencia a rechazar y huir de todo aquello que implique incomodidad o sufrimiento; pero hacer esto puede volvernos insensibles y egoístas. Por el contrario, cuando abrimos el corazón a las penas y dolores de nuestro prójimo, nos volvemos más empáticos, compasivos y también agradecidos por las bendiciones que tenemos.

El recuerdo de los siete dolores que enumeramos a continuación es el que más se ha popularizado a través de los tiempos (aunque se sabe que en otros tiempos se conmemoraban hasta quince dolores). Este texto sirve de meditación para recordar los sufrimientos de María en familia.


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La profecía de Simeón

Qué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.

Te pedimos, Madre María, por todos los niños que nacen en situaciones de miseria, enfermedad y abandono, y por sus madres y familias.

La huída a Egipto

Agudo debió ser el dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.

Te pedimos, Madre María, intercedas por todas las familias migrantes, en especial aquellas que huyen de la violencia, la guerra y el terrorismo.

El niño Jesús, perdido durante tres días

Qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la Reconciliación.

Te pedimos, Madre María, por todas las madres cuyos hijos han sido extraviados, perdidos o desaparecidos, para que puedan encontrarlos y recobrar la paz en su corazón.

La dolorosa marcha de Jesús hacia el Calvario

La Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Tremendo dolor sintieron cuando sus ojos se encontraron – el dolor de la Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.

Te pedimos, Madre María, por quienes se encuentran privados de su libertad, en especial aquellos sentenciados injustamente. Que haya justicia y consuelo para ellos.

La crucifixión

Dos sacrificios en el Calvario – uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Triste escena: la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: “Madre, he ahí a tu hijo.” Y a nosotros nos dijo en Juan: “Hijo, he ahí a tu Madre.” María, yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.

Te pedimos, Madre María, por las madres de hijos asesinados por pandillas, mafias y delincuentes. Dales el consuelo y la paz. Inspírales el perdón.

El descenso de la cruz

El Corazón de María sintió un amargo dolor cuando el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.

Te pedimos, Madre María, por todas las madres que sufren viendo a sus hijos perder sus vidas en drogas y vicios. Que por su amor maternal puedan ayudarlos a liberarse de estos males que los matan lentamente.

La sepultura

¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan intensos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.

Concluir rezando un Padre Nuestro, siete Ave Marías y el Gloria.


Meditaciones adaptadas de la publicación en https://www.corazones.org/maria/siete_dolores2.htm

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.