La Madre de las Américas: Nuestra Señora de Guadalupe

Virgen de Guadalupe

Por Zach Rathke, CSC

¿Por qué veneramos a Nuestra Señora de Guadalupe como la Patrona de las Américas, aunque hay otras apariciones importantes de la Virgen María en los dos continentes?

Miremos su imagen:

Virgen de Guadalupe

Nuestra Señora de Guadalupe no tiene la piel blanca (como la mayoría de sus imágenes) sino más oscura, como la de una mujer mestiza. Este hecho no le resta significado a otras imágenes donde María es representada con piel blanca. Sin embargo, ¿Qué quiere decirnos María al asumir la apariencia de una mujer mestiza precisamente en México? Las respuestas a esta pregunta nos mostrarán las razones esenciales por las cuales veneramos a Nuestra Señora de Guadalupe como la patrona de las Américas.

1. Ella quiere acercarse a nosotros en nuestra propia realidad

No podemos encontrarnos con un Dios que se encuentra totalmente fuera de nuestra realidad—un Dios que es solamente una idea abstracta de nuestras mentes. Por lo tanto, Dios se encarnó en nuestro mundo. Podía hablar, bailar, cantar, llorar, y sufrir como nosotros. Aún hoy, El quiere acercarse a nosotros en nuestra propia vida y cultura, para que podamos entrar en una relación íntima con El. Por esta razón el catolicismo es una religión encarnada con símbolos tangibles, como los sacramentos, la Biblia, los santos, y las imágenes.

Comprendemos que María deseó acercársenos tanto que se nos apareció de una manera tan tangible y reconocible. Al asumir la piel y la ropa de la gente de México, ella nos muestra su deseo de establecer una relación cercana y tierna con todos. Quiere acompañarnos en una manera familiar, con compasión y compresión, para llevarnos a su Hijo, Jesús.

Nuestra oración no debe ser abstracta ni sin emoción. Cuando oramos con María, no debemos correr por las oraciones. Busquemos, por el contrario, saborear cada palabra, imaginando las vidas de María y Jesús en nuestras mentes, abriendo nuestros corazones para sentir la ternura y compasión tangibles de Dios, y ofreciéndonos a ella y a su Hijo con todo nuestro ser.

2. Ella quiere unir a todos en el cuerpo único de su Hijo

Nuestra Señora de Guadalupe no tiene la piel de los conquistadores—ella no se puso al lado de los opresores. Sin embargo, ella no tiene la piel de los indígenas tampoco. Ella es mestiza—que es la unión de la sangre europea e indígena. Ella no solamente quiere llevar a Cristo a dos bandos separados. Ella quiere unir los dos lados.

Y no es una unión superficial. ¡La sangre de las dos razas está unida en ella! También para nosotros, cuando nos acercamos a su Hijo en la Eucaristía, somos unidos de una manera más profunda que nuestra cultura y el color de nuestra piel. Compartimos la misma sangre en Cristo. Somos un solo cuerpo. Solamente el Hijo de María puede unir a los opresores y a los oprimidos. La piel mestiza de Nuestra Señora de Guadalupe representa esta realidad: que estamos tan unidos en Cristo que compartimos la misma sangre.

Pero, ¿estamos viviendo esta realidad? En la iglesia, los ricos y los pobres, los paisanos y los extranjeros, los poderosos y los marginados, comparten la misma sangre en Cristo. Sin embargo, como una familia desunida, podemos guardar rencor contra nuestros hermanos y nuestras hermanas de la fe. Pero, cuando vemos a Nuestra Señora de Guadalupe, nos fortalece porque vemos una imagen tangible de la unión perfecta.

3. María quiere entrar en la realidad de los oprimidos

Cuando María se reveló a San Juan Diego como la Virgen de Guadalupe, no había muchos mestizos en México. Sin embargo, después de la aparición, los mestizos crecieron rápidamente y se convirtieron en la gente más rechazada. Los indígenas rechazaban a los mestizos por llevar la sangre de los conquistadores. Los españoles rechazaban a los mestizos por su sangre de “bárbaros indios.”

Por lo tanto, María no solamente quiso expresar la unión de las dos razas, sino que también quiso entrar en la realidad del más oprimido. Ella quiso ofrecer a los oprimidos el socorro y el consuelo de sus oraciones y su cercanía. Y más aún, ella no quería apoyarlos desde lejos, como el filántropo que ofrece dinero a distancia. Ella asumió su piel para identificarse con los oprimidos y para sentir su realidad. Y nosotros, ¿estamos entrando en la realidad de los oprimidos y los pobres para ofrecerles nuestra solidaridad y compasión?

Conclusión

La historia de las Américas es una historia de encuentros de culturas y razas. Sin embargo, también es una historia larga de opresión y desunión que continua todavía. Por ello, el Papa Pio X y el Papa Juan Pablo II nos dieron a Nuestra Señora de Guadalupe como la Patrona de las Américas. En medio de la desunión, el prejuicio, y la opresión, la única manera de alcanzar la unión es a través del Hijo de María. Nuestra Señora de Guadalupe nos da la esperanza de esta unión, porque la división entre los opresores y los oprimidos es destruida en su imagen, ofreciéndonos un signo tangible y amoroso de la unión perfecta en Cristo.

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