Advocaciones Marianas
María, medianera (mediadora) de todas las gracias
Fiesta: 07 de Noviembre
El culto a la intercesión de María nació en los primeros siglos de la Iglesia. Y precisamente porque María media por nosotros, es decir, intercede ante Dios por lo que le pedimos, recibió el título de “Madre de la Iglesia” que se lo otorgó el papa Paulo VI en 1964 y fue establecida como fiesta en 1921 por Benedicto XV. En ella se nos recomienda a los fieles a recurrir siempre con confianza a la mediación incesante de la Madre del salvador.
Diversos documentos y catequesis explican la intervención de Maria. Ella actúa de dos maneras: por ella llegan a la tierra los bienes celestiales y van al cielo las peticiones de los creyentes.
Recordemos la labor medianera de María durante las Bodas de Caná o en Pentecostés. Es también por la eficacia de su labor que la devoción del pueblo está tan arraigada: los rosarios en las casas, las procesiones, las peregrinaciones de los creyentes a los santuarios de las diferentes advocaciones (la Virgen de Guadalupe, la Virgen de Chapi, la Virgen del Carmen, etc.). Las formas de piedad que hay son innumerables.
Pero hay muchos que confrontan esta mariología con ka del texto de la primera carta de Timoteo: Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos (1 Timoteo 2, 5-6). Ante ello, Lumen Gentium 62, la constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, aclara: “pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias maneras tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en sus criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única. La Iglesia no duda en atribuir a María un tal oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador” (LG 62). Comprendemos, entonces, que María puede ayudarnos con su intercesión por nosotros.
En el mismo documento se destaca que “la misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia” (LG 60). Es decir, María muestra la eficacia de Dios con su intercesión, pero nunca podrá rebajar ni aumentar la labor que Dios mismo realiza.
De Cristo surge el valor de la mediación de María. Ella realiza su acción en total dependencia de él, y también de él recibe todo lo que su corazón quiere dar a los hombres. Esta intercesión también permite pedir a los fieles que acudan a María, que la vean como madre, para que, como dice otra vez Lumen Gentium: se unan de forma íntima a Cristo.
María es el camino corto hacia Jesús. Pidámosle que nos ayude a encaminarnos más hacia él.
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