Misterios Gloriosos

1. La resurrección del Señor (Marcos 16,6-8)

Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron.

Pero él les dice: “No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.”

Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo.

Meditación

¡Jesús ha resucitado! No está en el sepulcro. La Vida pudo más que la muerte. Se apareció a su Madre Santísima, se apareció a María de Magdala, y a Pedro y a los demás apóstoles. Y a ti y a mí, que somos también sus discípulos, hoy nos sale al encuentro. Porque él vive, ya no hay nada que temer. Ni el mundo, ni el demonio ni la carne son más fuertes que Cristo. Porque Jesús está vivo, tiene el poder de cambiar tu vida, y te llama a una relación personal con él. Adóralo: él te ama. Y antes de terminar la decena, has besado las llagas de sus pies.

2. La Ascensión del Señor (Mateo 28,18-20; Hechos 1,9-11)

Jesús se acercó a ellos y les habló así:

“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:

“Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.”

Meditación

Jesús se va con el Padre. Es justo que la Santa Humanidad de Cristo reciba el homenaje, la aclamación y adoración de todas las jerarquías de los ángeles. El Padre está complacido con la entrega del Hijo, ha aceptado su sacrificio, y ahora Jesús, el Mesías, ocupa, para siempre, su puesto de Señor sobre toda la creación. Mientras estemos en la Tierra, nosotros ya no lo vamos a ver. Nuestra primera reacción es sentirnos huérfanos. Lo extrañamos. Pero es una falsa impresión. En realidad, no se ha ido. Se queda con nosotros de otro modo. Él está más cerca de ti que tú mismo, decía San Agustín. Según lo prometió, su presencia y su poder nos acompañan mientras ponemos manos a la obra. La tarea es grande. Hasta que él vuelva debemos hacer discípulos suyos a todas las gentes. “¿Qué hacéis ahí mirando al cielo?”

3. La venida del Espíritu Santo (Hechos 2,1-4)

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.

De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.

Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Meditación

Pedro, a quien rodeaban los otros once, levantó la voz y habló. Lo oímos gente de cien países. Cada uno lo escucha en su lengua. Tú y yo la nuestra. Nos habla de Cristo Jesús y del Espíritu Santo y del Padre. No lo apedrean, ni lo meten en la cárcel: se convierten y son bautizados tres mil de los que oyeron. Tú y yo, después de ayudar a los apóstoles en la administración de los bautizos, bendecimos a Dios Padre, por su Hijo Jesús, y nos sentimos también borrachos del Espíritu Santo. “El verdadero objetivo de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo”, decía San Serafín de Sarov. Nosotros, que ya lo recibimos, queremos seguir llenándoos de él. Te alabamos, Señor.

4. La Asunción de Nuestra Señora (Cantar 2,3-6,10; Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab)

“Fui asunta al Cielo: también en cuerpo y alma, gracias a la misericordia del Padre, al amor del Hijo y al poder del Espíritu Santo y desde el Cielo, en mi cuerpo glorioso, junto a mi Hijo, intercedo ante Él, por las necesidades de los hijos”.

Meditación

Assumpta est Maria in coelum: gaudent angeli: María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos, ¡y los ángeles se alegran! Así canta la Iglesia. Y así, con ese clamor de regocijo, comenzamos la meditación de esta decena del Santo Rosario. Se ha dormido la Madre de Dios. Están alrededor de su lecho los apóstoles. Y al contemplar este misterio, nosotros nos ponemos a su lado también. Jesús quiere tener a su Madre, en cuerpo y alma, en la Gloria. Y la corte celestial despliega todo su aparato para agasajar a la Señora. Tú y yo tomamos la cola del espléndido manto azul de la Virgen, y así podemos contemplar aquella maravilla. La Trinidad Beatísima recibe y colma de honores a la Hija, Madre y Esposa de Dios. Y es tanta la majestad de la Señora, que los ángeles se preguntan: “¿Quién es Esta?”

5. La coronación de María Santísima (Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab)

Apareció una figura portentosa en el cielo. Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos y fragor y truenos y temblor de tierra y fuerte granizada.

Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz.

La mujer dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada 1.260 días.

Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.

Meditación

Eres toda hermosa, y no hay en ti mancha. “Huerto cerrado eres, hermana mía, Esposa, huerto cerrado, fuente sellada. Veni: coronaberis. Ven: serás coronada” (Cantar, 4, 7, 12 y 8). Si tú y yo hubiéramos tenido poder, la hubiéramos hecho también Reina y Señora de todo lo creado. Una gran señal apareció en el cielo: una mujer con corona de doce estrellas sobre su cabeza; vestida de sol, la luna a sus pies. (Apocalipsis 12, 1). María Virgen sin mancha, reparó la caída de Eva, y ha pisado, con su planta inmaculada, la cabeza del dragón infernal. Hija de Dios, Madre de Dios, Esposa de Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo la coronan como Emperatriz del Universo. Y le rinden honor los ángeles y los patriarcas, los profetas y los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes. Todos los santos y todos los pecadores. Tú y yo.

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