Tres frases de Santo Tomás que nos ayudan a ser mejores cristianos

Santo Tomás Apóstol

Cuando hablamos de santos pensamos en personajes de vidas ejemplares, con una fe intachable, y que no dudaron nunca. Incluso encontramos frases inspiradoras suyas que nos iluminan en un día oscuro.

El caso de Santo Tomás es un poco diferente, por lo primero que lo recordamos es por dudar, pero pasamos por alto su presencia en el Evangelio, y lo que nos dice de él. Aquí vamos a dar un recorrido por tres frases de nuestro Santo de hoy que han quedado registradas en el evangelio según San Juan.

1. “Vayamos también nosotros a morir con él”

Para ponernos en contexto, esto sucedió al enterarse Jesús de la muerte de Lázaro, y decidir volver a Judea, donde antes habían intentado matarlo. Los discípulos sabían el riesgo que corría Jesús si volvía, sin embargo, Tomás, al que llaman también el Mellizo (o Dídimo, en griego), en un arranque de valor dijo esta frase, que parece sacada de la bitácora de una batalla, y es que muestra una decisión inquebrantable de permanecer junto al Maestro, suceda lo que suceda.

En el tiempo en que vivimos, cuando es cada vez más frecuente encontrar indiferencia, si no oposición radical, a todo lo relacionado a la fe, ¿estaríamos dispuestos a seguir al Maestro, sin importar lo que digan, sin importar lo que pase, aún a riesgo incluso de nuestra vida? En algunos países, ser católico, o cristiano en general, es sumamente peligroso, ya habremos leído noticias de personas asesinadas por su fe. Llegado el momento, ¿tendremos una fe tan sólida como para “ir también nosotros a morir con él”?.

2. “No sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”

Durante la última cena, después que Judas salió, Jesús hablaba a los discípulos sobre su pasión y su partida, calmándolos, diciéndoles que que les alistaría un lugar en casa de su Padre, y que “para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino”. Tomás, dando muestra de una candidez propia de un niño, dice no saber a dónde va Jesús, y que tampoco conoce el camino.

Luego de pasar tanto tiempo con Jesús, uno diría que los discípulos no tendrían dudas sobre la vida eterna, o al menos conocimientos más profundos de la fe. A veces nosotros, luego de tener muchos años participando en la Iglesia, escuchando las homilías de los domingos, no nos detenemos a contemplar nuestras dudas e interrogantes, y, a veces por temor a lo que dirán, o por orgullo, no preguntamos lo que pensamos debería ser obviamente conocido.

Tomás nos da una muestra de sencillez, al no temer demostrar que, a pesar de ser “uno de los doce”, y de estar al lado del Maestro todo el tiempo, no lo sabe todo, y pregunta sin miedo, sin temor a que lo tachen de ignorante. Él sabía que era más importante resolver sus dudas, era más importante “saber” que permanecer en la ignorancia por temor o por orgullo. ¿Cuántas preguntas tienes guardadas sobre la fe, que no te atreves a hacer?

Santo Tomás Apóstol

3. “Si no veo (…) no creeré”

Esta es, sin duda, la frase por la que más recordamos a Tomás, y parece oponerse a la esencia de las dos frases anteriores. ¿Por qué ese apóstol valiente, dispuesto a morir con y por el Maestro, que no tenía miedo a preguntar para fortalecer su fe, ahora dudaba de la resurrección de Jesús, después de haber escuchado todos los anuncios que el mismo Cristo había hecho de ello?

Pues, no hay material para comprender este episodio, solo saber que Dios permite que pasen ciertas cosas para que sucedan otras. Si Tomás no hubiese dudado, tal vez no hubiese ocurrido más tarde la escena en la que Jesús se aparece nuevamente a los discípulos, Tomás incluido, y sucede lo que todos recordamos. De aquí rescatamos tres frases; la primera, de Jesús: “no seas incrédulo, sino creyente”; la segunda, de Tomás, que decimos muchas veces en misa durante la consagración: “Señor mío y Dios mío”; y la tercera, también de Jesús: “Dichosos los que creen sin haber visto”.

A primera lectura, Jesús parece llamarle la atención a Tomás por haber dudado, y en él nos hace un llamado a todos a no dudar de su presencia real, de sus palabras y promesas. Tomás, humilde como era, se postra ante él y hace esta declaración, en la que reconoce la grandeza de Jesús, como Hijo de Dios. Finalmente, Jesús nos elogia a todos nosotros (sí, también a ti y a mí), porque creemos sin haber visto.

Tomás, al final, nos enseña a no tener miedo incluso de dudar, porque de esa duda Dios sacó una enseñanza para todos nosotros. Cabe mencionar que, la tradición cuenta que Tomás fue a evangelizar a Siria y Edesa, para después fundar una comunidad en Mesopotamia. Más tarde viajó a India y a China. Fue a su regreso a India cuando muere martirizado el 3 de julio del año 72.

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