¡Viva Cristo Rey!

Cristo Rey

Una reflexión sobre el Reinado de Cristo y lo que representa para todo creyente

El domingo previo al Primer Domingo de Adviento, la Iglesia celebra la solemnidad de Cristo Rey, que cierra el año litúrgico. En este artículo reflexionaremos sobre el significado de esta celebración para todo creyente.

¿Cómo es el Reinado de Jesús?

En el primer capítulo del libro de los Hechos de los Apóstoles, leemos:

“Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?». El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad (…)»”

Jesús explicó mediante parábolas, en numerosas ocasiones, cómo sería el Reino de los Cielos. Ciertamente debió ser difícil de comprender para sus contemporáneos, pues en aquella época comúnmente se creía que el Reino de Dios se manifestaría de una manera política y militar, mientras que las enseñanzas de Jesús, vistas en conjunto, dejan muy claro que, por el contrario, se trata de un cambio personal, una transformación de la mente y el corazón.

Cristo Rey

¿De quiénes es el Reino de Dios?

Comprendido esto, podemos apreciar de mejor manera por qué decimos que Jesús es Rey: no sólo se trata del Reinado natural que tiene por ser el Creador de todo cuanto existe. Dios ejerce su reinado, no con los poderosos, que creen no necesitarlo y viven complacidos por su autosuficiencia, sino entre los sencillos y humildes:

  • Los pobres, que en Cristo Rey encuentran la esperanza de una vida mejor;
  • Los perseguidos, quienes, al igual que Jesús, se mantienen firmes en sus convicciones a pesar de las amenazas, el desprecio e incluso la violencia en su contra (Mt 5, 11);
  • Los que buscan el bien y la justicia, que escuchan la promesa de Jesús: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, pues serán saciados” (Mt 5, 6);
  • Los que sufren, que en la imagen del Crucificado hallan el consuelo de aquel que, pudiendo escoger, soportó todo sufrimiento por nuestra salvación (Mt 5, 5);
  • Los oprimidos, que tienen en Jesús un compañero que al igual que ellos fue víctima de los poderosos y experimentó la injusticia en carne propia;
  • Los humildes y sencillos, que, a pesar de los sufrimientos de esta vida, encuentran gozo en su familia, sus labores y su fe…

A ellos, a los pobres de espíritu, les pertenece el Reino de los Cielos. Son ellos (y también seremos nosotros si podemos vivir de la misma manera) quienes claman, con alegría, fervor y esperanza,

¡Viva Cristo Rey!

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