Y postrándose le adoraron

Adoración de los Magos

“De pronto sintieron un gran júbilo, pues vieron en medio de la luz, la figura resplandeciente de un niño. Todos se destocaron para demostrar su respeto” (Visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich)

Fiesta de Reyes, Adoración de los Reyes, esta fiesta se conoce con muchos nombres en varias partes del mundo. El nombre correcto es Epifanía del Señor.

¿Qué significa Epifanía?

La palabra “Epifanía” proviene del latín “epiphaineia”, que significa mostrarse por encima de algo, manifestarse, asociado con frecuencia a un acto mágico o divino. En lenguaje cristiano, esta palabra está referida a la adoración de los magos de oriente al niño Dios.

Esta se considera la primera manifestación del Hijo de Dios a los no judíos. En esta escena, los Reyes de Oriente representan al mundo pagano.

Llegaron ya los reyes y eran… ¿tres?

La tradición nos ha traído la imagen de tres reyes, o sabios, o magos de oriente; con el tiempo incluso se les dio nombre. Pero esto no se menciona en las Sagradas Escrituras. Se ha asumido que son tres, por los tres regalos que menciona el Evangelio según San Mateo: “(…) “Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.” (Mateo 2, 10).

Durante los primeros tiempos de la Iglesia se representaba la escena con dos, tres, incluso ocho reyes rindiendo honor al Rey de los Judíos que acababa de nacer. Lo que sí es casi seguro es que no viajaron solos, sino con un séquito compuesto de sirvientes y familiares..

El número de reyes es apoyado, también, por las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich, quien menciona “la caravana de los tres Reyes llegando a una puerta situada hacia el Sur”. Es de notar que, en sus visiones, los nombres de los reyes no son los que conocemos.

Adoración de los Magos

Más de una epifanía

Como ya sabemos, la Epifanía es la manifestación de Dios a los hombres. En este sentido, podemos considerar que la escena de la adoración de los Magos de Oriente es una de ellas, pero no la única.

La Iglesia considera también la escena del bautismo de Jesús como una epifanía, una manifestación del Hijo de Dios, esta vez ante los judíos. Otra escena en la que el Hijo de Dios se manifiesta ante los hombres es en las bodas de Caná, en esta ocasión, ante sus discípulos.

¿No más epifanías?

El Papa Francisco dijo en la homilía de la Solemnidad de la Epifanía del 2020 que “La adoración es un gesto de amor que cambia la vida”. Como los Magos, cuya intención era ir a adorar al Rey, iniciemos el viaje al encuentro del Salvador.

Dios se ha manifestado a su pueblo de innumerables maneras a lo largo de la historia, lo podemos encontrar en las Sagradas Escrituras. Esto sumado a las manifestaciones del Hijo de Dios en el Nuevo Testamento. Pero, ¿ya no se manifiesta más? ¿se puede seguir manifestando? ¿Cómo?

Cómplices de la epifanía

Cuando adoramos a Dios, lo ponemos en el centro de todo, y al hacerlo nuestra vida cambia por completo. Ya no estamos centrados en nosotros, sino en Él que es el Rey de Reyes. Esto provoca una primera epifanía en nuestra vida, una manifestación de la presencia de Dios en nuestro corazón, que a la vez provoca una reacción hacia afuera.

Los Evangelios nos recuerdan un mandato de Cristo: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos (…)” (Mateo 28, 19); Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti” (Marcos 5, 19). Luego del encuentro con Él, tenemos que manifestar su presencia a los demás, debemos propiciar una epifanía.

Pidamos al Señor el gozo de los pastores, que luego del anuncio del ángel corrieron a adorar al niño. Pidamos también la decisión de los magos, de emprender el viaje para adorarlo, para reconocer que Él es el Rey, quien merece la honra y el honor, por los siglos de los siglos.

Amen.

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